En el día de hoy, 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, la principal causa de deterioro cognitivo en el mundo y un problema sanitario y económico de primera magnitud. 

La Organización Mundial de la Salud la califica ya como una de las  10 principales causas de discapacidad, dependencia y mortalidad en todo el mundo. No en vano el Alzheimer ha sido catalogado como la verdadera epidemia estructural del siglo XXI. Según el último informe de la  Alzheimer’s Disease International en el año 2015 había 46 millones de personas con demencia y se proyecta que esta cifra aumentaría hasta los 131,5 millones en 2050.

Según el Doctor Juan Fortea, “En los últimos años la prevalencia del Alzheimer ha aumentado considerablemente, en paralelo al incremento de la expectativa de vida y envejecimiento de la población. La edad es el principal factor de riesgo para padecer la enfermedad. Afecta entre un 5 y un 10% de los adultos mayores de 65 años, unas cifras que se duplican cada 5 años hasta alcanzar una prevalencia de aproximadamente el 50% en la población mayor de 85 años”. 

El Alzheimer es una patología de origen multifactorial, que afecta a factores genéticos y/o ambientales, en la que también influyen otros como la hipertensión arterial,  la  hipercolesterolemia,  la  obesidad,  el  sedentarismo, el tabaquismo o la diabetes. Practicar ejercicio físico de forma regular, no fumar, evitar el abuso del alcohol, controlar el peso corporal, seguir una dieta sana y mantener la presión arterial, el azúcar en sangre y el colesterol en niveles adecuados reduce el riesgo de padecer esta enfermedad”.

Se calcula que una reducción de al menos un 25% en estos factores de riesgo modificables podrían ayudar a prevenir entre 1 y 3 millones de casos de Alzheimer en el mundo. Además el optimismo se asoma en esta enfermedad ya que en estas dos últimas décadas se han realizado enormes avances en el conocimiento de la fisiopatología y del desarrollo de biomarcadores para ayudar en el diagnóstico de la enfermedad.

Este año ha sido aprobado en EE.UU. el primer tratamiento de la enfermedad, es la primera muestra de que ya es posible modificar procesos fisiopatológicos clave de la enfermedad. Además, actualmente, se están realizando estudios de fase 3 con otros dos fármacos de características muy similares y de los que se espera tener resultados a finales de 2023 y 2024 respectivamente.

La SEN se muestra esperanzada de que en los próximos años surjan nuevos tratamientos que consigan modificar el curso de la enfermedad. Por ello insiste en la necesidad de diseñar un Plan de Alzheimer con una financiación adecuada que permita disponer de los recursos necesarios para ofrecer diagnósticos tempranos con certeza, así como para que se pueda acceder a estos tratamientos con equidad en todo nuestro país.

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