La acción de gracias marca el funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz en Huelva.

El funeral diocesano por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz celebrado en el Palacio de los Deportes Carolina Marín de Huelva estuvo marcado de forma especial por una profunda acción de gracias, incluso en medio del dolor, el duelo y la conmoción que atraviesan las 45 familias afectadas por la tragedia.

Desde el inicio de la celebración, el obispo de Huelva trasladó un mensaje de cercanía, consuelo y esperanza, reconociendo el corazón abatido con el que la comunidad se reunió para orar por los fallecidos, por los heridos y por quienes afrontan ahora el peso más duro de la pérdida. En presencia de Sus Majestades los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, el prelado subrayó el valor del acompañamiento institucional y humano como signo de solidaridad con las familias y con una sociedad profundamente herida.

Una homilía centrada en el dolor acompañado y la esperanza cristiana

La homilía puso palabras al sufrimiento colectivo provocado por el accidente ferroviario de Adamuz, reconociendo que no existen explicaciones fáciles ni respuestas inmediatas ante una pérdida tan abrupta. Inspirándose en las Lamentaciones, el obispo señaló que el llanto, la queja e incluso el silencio forman parte de la fe, y que el dolor no es ausencia de Dios, sino un lugar donde Él también se hace presente.

En este sentido, remarcó que el sufrimiento de las víctimas y de sus familias no es anónimo, sino que ha sido visto, escuchado y acogido por Dios, que camina junto a quienes atraviesan “las cañadas oscuras” del dolor. La proclamación del Evangelio llevó a los fieles hasta el Calvario, recordando que incluso Cristo gritó desde la cruz, haciendo suyo el desgarro humano ante la muerte.

Sin embargo, la homilía no se detuvo en la oscuridad, sino que condujo hacia el anuncio central de la fe cristiana: la resurrección y la esperanza de la vida eterna, afirmando que quienes hoy son llorados no se han perdido en el sinsentido, sino que permanecen para siempre en las manos del Dios de la Vida.

Acción de gracias y compromiso con la verdad

En medio del duelo, el funeral fue también un espacio para la acción de gracias. Se agradeció expresamente la labor de los vecinos de Adamuz, los equipos de emergencia, la sanidad andaluza, las fuerzas de seguridad, Cruz Roja, voluntarios y todas aquellas personas que ofrecieron ayuda, cercanía y consuelo desde los primeros momentos de la tragedia.

Junto a la gratitud, se expresó un firme compromiso con el acompañamiento a largo plazo de las familias y con la necesidad de esclarecer la verdad de lo ocurrido, como camino indispensable para la justicia, la reparación del daño y la prevención de futuras tragedias.

El emotivo testimonio de Liliana Sáenz

Uno de los momentos más sobrecogedores del funeral llegó con la lectura íntegra de Liliana Sáenz, hija de una de las víctimas, que tomó la palabra en representación de todas las familias. Su intervención, cargada de gratitud, memoria y firmeza, puso rostro y nombre a quienes “no son solo una cifra”, sino padres, madres, hijos, hermanos y abuelos.

Liliana agradeció a la Diócesis de Huelva la celebración del funeral, afirmando que “la única presidencia que queríamos a nuestro lado es la de Dios”, y tuvo palabras de reconocimiento para Adamuz, Huelva y todas las instituciones y personas que sostuvieron a las familias en los días más duros. Su testimonio incluyó un recuerdo íntimo y profundamente humano de su madre, ejemplo de generosidad y entrega, y una firme determinación de luchar por la verdad, desde la serenidad y la paz.

La lectura concluyó con una extensa oración a la Virgen, invocando a las principales advocaciones marianas de Andalucía, confiando a las víctimas a su amparo y proclamando que el amor y la vida vencerán a la muerte.

Un funeral marcado por la fe, el silencio y la esperanza

La celebración concluyó en un silencio orante, reflejo de una comunidad que, aun atravesada por el dolor, se sostiene en la fe, la comunión y la esperanza cristiana, y que transforma el sufrimiento en memoria agradecida, compromiso y confianza en Dios bajo la mirada de la Virgen de la Cinta, Patrona de Huelva.

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