La tradición de las camaristas de la Virgen del Rocío se ha transmitido durante generaciones y queda reflejada ante la mirada del mundo cada siete años.

Hay estampas que se repiten cada siete años, hay estampas que juntan la historia, la devoción y la fe y estampas que se quedan impregnadas en la retina de todo mariano y rociero. Cada siete años el 19 de agosto por la tarde se contempla un momento único, cuando las camaristas de la Virgen del Rocío se acerquen a la Pastora para prepararla antes de iniciar su camino hacia Almonte.

Estas mujeres encargadas de su cuidado, que siempre trabajan en la intimidad, son las que colocan  el guardapolvo y cubren el rostro de la Virgen y su Hijo con el pañito, dejando preparada a la Patrona de Almonte para recorrer los aproximadamente quince kilómetros que separan la aldea de El Rocío de Almonte. Durante toda la noche, su pueblo se encarga de portarla en sus hombros, realizando el traslado de su Patrona sin poder contemplar su rostro, «con la carita tapada, regresas madre a tu nido».

Pero detrás de este momento existe una historia que va mucho más allá del ceremonial. Es la historia de unas manos que, durante más de un siglo, han aprendido de generación en generación cómo vestir, cuidar y preparar a la Virgen en la más estricta intimidad del Santuario o de la Parroquia de la Asunción.

Una tradición transmitida de generación en generación

La labor de las camaristas se desarrolla habitualmente lejos de las miradas. Son las encargadas de custodiar conocimientos y formas de vestir a la Virgen que forman parte de la propia historia de Almonte.

Entre los nombres que forman parte de esta tradición destaca Ana Valladolid Moreno, conocida como ‘Señá Anita’ (1855-1924), camarista y Hermana Mayor cuya figura estuvo vinculada a los años previos a la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en 1919.

Tras ella continuaron esta labor Dolores Acevedo Valladolid y Ana González Acevedo, y posteriormente las hermanas Ana y María del Carmen Morales González, nombradas oficialmente camaristas el 7 de octubre de 2000.

Más que una responsabilidad, las distintas generaciones han recibido una forma de entender el cuidado de la Blanca Paloma, manteniendo unos conocimientos que se han transmitido dentro de la propia familia.

Ana Morales, una ausencia muy presente

Este año ha habido también una ausencia especialmente significativa, Ana Morales González falleció el 25 de septiembre de 2024 a los 76 años, después de una vida estrechamente ligada al cuidado de la Virgen.

Durante décadas fue testigo de algunos de los acontecimientos más importantes de la historia reciente del Rocío, entre ellos la celebración de los Congresos Mariano y Mariológico de 1992, la visita de los Reyes Juan Carlos y Sofía, la llegada de san Juan Pablo II en 1993 o la visita de Felipe y Letizia en 2020.

La Hermandad Matriz destacó tras su fallecimiento el papel de las camaristas como confidentes de generaciones de devotos, que depositaban ante ellas sus preocupaciones, peticiones y agradecimientos.

En agosto de 2023, Ana y María del Carmen recibieron además un homenaje público de su Hermandad por toda una vida dedicada al servicio de la Virgen.

El relevo ya está en marcha

El relevo ya está en marcha, y en esta Venida de la Virgen hemos visto como la tradición familiar continúa actualmente con Carmen Rocío Vega Morales, hija de María del Carmen, que ha crecido dentro de esta intimidad y ha ido asumiendo progresivamente el legado recibido de las generaciones anteriores.

Junto a ella también se encuentra su hermano José Manuel Vega Morales, conocido como Mamé de la Vega, estrechamente vinculado durante años al ajuar y la vestimenta de la Virgen. Su presencia representa una evolución dentro de una tradición que durante generaciones estuvo principalmente en manos de mujeres. El relevo no supone romper con la costumbre, sino ampliar una labor familiar que continúa vinculada al cuidado de la Blanca Paloma.

Mamé de la Vega ya participó hace siete años en el ceremonial relacionado con la preparación de la Virgen para su Venida, y este año volverá a formar parte de un momento que une tradición y memoria familiar.

Asimismo, la historia alcanza ya a una nueva generación con Ana Díaz Vega, hija de Carmen Rocío y nieta de María del Carmen. Su incorporación a la Hermandad Matriz con motivo de su Primera Comunión, en 2024, simbolizó la continuidad de una tradición familiar que comenzó hace más de un siglo.

Ahora, la imagen de distintas generaciones alrededor de la Virgen vuelve a adquirir un significado especial: madres, hijos, nietas y familiares que han crecido aprendiendo una misma forma de cuidar a la Patrona de Almonte.

Un ceremonial cargado de historia

Más de cuatro décadas después, el gesto vuelve a repetirse ante los ojos de un mar de corazones y devotos, pero ante todo de su pueblo de Almonte.

El momento de cubrir el rostro de la Virgen también forma parte de la memoria histórica del Rocío. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico conserva fotografías de 1984 en las que aparecen las camaristas colocando el pañito y el capote. Aquel año, el rito pasó a realizarse en el altar exterior del Santuario, después de haberse celebrado anteriormente en el interior.

Además, las piezas que se utilizarán este año mantienen esa conexión con el pasado. El guardapolvo de 2026, confeccionado por Mamé de la Vega, recupera elementos del utilizado en 1949. El pañito, diseñado por José María Carrasco, está realizado en tisú rosa bebé y cuenta en su centro con una pintura de Nono García en la que aparecen Alfonso X, el antiguo Simpecado de Almonte y la antigua ermita.

El pañito ha sido una ofrenda de las mujeres de la Virgen y de las abuelas almonteñas, mientras que el guardapolvo procede de un grupo de almonteños, hombres vinculados a la Virgen.

 

 

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