El catedrático de la UHU considera que el desastre supone una oportunidad para diseñar un nuevo modelo de gestión forestal que incorpore la prevención de incendios desde el inicio.

El incendio forestal declarado el pasado 6 de agosto en el paraje de Rabocojonejo, en Niebla, ha dejado unas 33.000 hectáreas afectadas y abre ahora una nueva etapa: la recuperación del territorio. Los expertos consideran que la restauración debe hacerse con planificación y, sobre todo, sin precipitarse.

El catedrático de Botánica de la Universidad de Huelva y director del Máster Oficial en Conservación de la Biodiversidad, Pablo Hidalgo, considera que el desastre supone una oportunidad para diseñar un nuevo modelo de gestión forestal que incorpore la prevención de incendios desde el inicio.

Una de las principales propuestas pasa por recuperar el bosque utilizando especies autóctonas, con el alcornoque como una de las especies principales. Según el experto, los montes públicos pueden convertirse en espacios prioritarios para recuperar el patrimonio natural sin la presión de obtener un rendimiento económico inmediato.

Dos años para dejar actuar a la naturaleza

Antes de comenzar una reforestación a gran escala, la prioridad será evitar la erosión del terreno, especialmente con la llegada de las lluvias de otoño. Entre las actuaciones de emergencia se encuentran técnicas como la colocación de madera quemada de forma transversal para reducir la pérdida de suelo.

Después de estas primeras medidas, Hidalgo plantea evitar intervenciones agresivas durante al menos dos años. El objetivo es no alterar ni compactar el suelo y permitir que la vegetación superviviente pueda iniciar su propia regeneración natural.

La recuperación completa, en cualquier caso, no será inmediata. La formación de un bosque mediterráneo maduro puede requerir décadas e incluso siglos, por lo que los trabajos de restauración deberán plantearse a muy largo plazo.

Los pequeños refugios verdes, claves para la recuperación

A pesar de la enorme superficie afectada, el incendio ha dejado algunos fragmentos de vegetación sin quemar. Estos pequeños espacios, conocidos como “isleos”, pueden desempeñar un papel fundamental en la recuperación del ecosistema.

Según el profesor Hidalgo, estos reductos conservan parte de la biodiversidad original y pueden servir como referencia para la regeneración natural de las zonas calcinadas.

El fuego también ha afectado a espacios de especial valor ambiental, entre ellos el Paisaje Protegido del Río Tinto y corredores ecológicos integrados en la Red Natura 2000. En el área dañada se encontraban además distintas especies de flora amenazada o de interés.

Una restauración que también debe prevenir futuros incendios

La recuperación no debería limitarse a volver a plantar árboles. El experto considera necesario rediseñar el paisaje para crear discontinuidades que permitan frenar la propagación de futuros incendios sin romper la conectividad ecológica.

Para ello será necesario implicar a administraciones, ayuntamientos, ganaderos, cazadores, universidades y centros de investigación, además de buscar fórmulas de colaboración con los propietarios privados.

El objetivo final es evitar que las zonas que ahora comienzan un largo proceso de recuperación vuelvan a sufrir un incendio de grandes dimensiones en el futuro. Pese a la magnitud de la tragedia, Hidalgo se muestra optimista y considera que, con una intervención técnica adecuada, la naturaleza tiene una importante capacidad para recuperarse.

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