La Virgen del Rocío emprenderá su camino a Almonte en un mes para cumplir la tradición de cada siete años.

La cuenta atrás para uno de los acontecimientos más esperados ya ha comenzado. En apenas un mes, la Virgen del Rocío dejará su santuario en la aldea para emprender el tradicional traslado hasta Almonte, una cita que se celebra cada siete años y que reúne a miles de fieles en un recorrido cargado de historia, fe y simbolismo.

La conocida como Venida de la Virgen constituye una de las tradiciones más arraigadas de Almonte. Aunque desde mediados del siglo XX este traslado se realiza con una periodicidad de siete años, sus orígenes se remontan varios siglos atrás, mucho antes de que la procesión de la Virgen alrededor de la ermita se consolidara como el acto culminante de la Romería del Rocío.

En sus comienzos, la imagen era trasladada desde la aldea hasta la villa de Almonte por motivos extraordinarios, principalmente para pedir la intercesión de la Virgen ante épocas de calamidad, sequías, epidemias o cualquier otra necesidad que afectara a la población. La imagen recorría los cerca de 15 kilómetros que separan ambos enclaves sobre los hombros de sus devotos, en un esfuerzo colectivo que movilizaba a buena parte del vecindario.

A lo largo de los siglos, estos traslados también reflejaron el fuerte vínculo existente entre la Virgen y el pueblo de Almonte. Iglesia y Ayuntamiento eran quienes determinaban las fechas de las venidas y regresos de la imagen, consolidando así la estrecha relación entre la patrona y la localidad.

Además, dos de los momentos más relevantes de la historia devocional de la Virgen del Rocío tuvieron lugar durante estas estancias en Almonte. En 1653 fue proclamada oficialmente Patrona de la villa y, años después, surgió el conocido Voto de Promesa o Rocío Chico, instaurado tras el milagro que, según la tradición, libró al pueblo de la invasión francesa durante la Guerra de la Independencia.

Durante siglos no existió una periodicidad fija para estos traslados. Hubo años, como 1738, en los que la Virgen fue llevada a Almonte hasta en tres ocasiones, mientras que en otros periodos pasaron más de quince años sin producirse una venida. También permaneció largas temporadas en la localidad tras el terremoto de Lisboa de 1755, mientras se reconstruía la antigua ermita, o durante la Guerra de la Independencia, entre 1810 y 1813.

La tradición actual comenzó a consolidarse tras la reconstrucción de la parroquia de Almonte después de la Guerra Civil. En 1949 la Virgen volvió al pueblo con motivo de la bendición del templo y, posteriormente, en 1956 comenzó a mencionarse el intervalo de siete años entre cada traslado. No obstante, fue a partir de 1971 cuando esta periodicidad quedó definitivamente establecida y desde entonces se ha mantenido de forma ininterrumpida.

Como marca la tradición, la Virgen permanecerá aproximadamente nueve meses en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Almonte. Durante ese tiempo protagonizará un intenso calendario de cultos, celebraciones y actos religiosos, además de recibir la visita de miles de peregrinos y devotos llegados desde distintos puntos de España.

Transcurrido ese periodo, la Blanca Paloma regresará nuevamente a su santuario en la aldea del Rocío, culminando así una de las manifestaciones de fe y devoción más singulares de Andalucía.

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