Los hecho tuvieron lugar el 8 de mayo, tras el fallecimiento de los dos guardias civiles en las costas onubenses. 

Una operación contra el narcotráfico en aguas del sur de Portugal ha vuelto a poner de relieve el riesgo extremo al que se enfrentan las fuerzas de seguridad en el Estrecho y el Golfo de Cádiz, una zona donde la actividad de las redes criminales es especialmente intensa y transfronteriza.

En la noche del 8 de mayo, la Polícia Marítima, con apoyo de la Marinha Portuguesa y coordinación de la Policía Judiciaria, desarrolló una operación de intercepción al sur del Algarve para frenar el tráfico de estupefacientes por vía marítima. Durante el dispositivo se detectaron tres embarcaciones de alta velocidad supuestamente vinculadas al narcotráfico, iniciándose una persecución de una de ellas que se prolongó durante unos 40 minutos en condiciones meteorológicas adversas.

Según la información oficial, los tripulantes de la embarcación arrojaron bidones de combustible al mar para dificultar la aproximación de los medios policiales, lo que impidió finalmente su interceptación. En la operación también participaron la Fuerza Aérea Portuguesa y unidades tácticas de la Policía Marítima.

La operación representó una respuesta firme, coordinada y disuasoria en la lucha contra la delincuencia marítima organizada, demostrando la capacidad permanente de vigilancia, preparación y cooperación entre autoridades nacionales e internacionales, así como un gesto de solidaridad y unión con la Guardia Civil española que, el mismo día y en una zona cercana a donde se desarrolló esta acción, durante la persecución de una embarcación sospechosa de alta velocidad, perdió a dos agentes y otros tres resultaron heridos.

Este tipo de actuaciones se enmarca en un contexto de creciente presión del narcotráfico en la fachada atlántica ibérica, una realidad que también afecta directamente a la provincia de Huelva, donde en los últimos días se ha vivido otro episodio de gran impacto: la persecución de una embarcación sospechosa en la que la Guardia Civil sufrió la pérdida de dos agentes y dejó a otros tres heridos.

El suceso ha generado una fuerte conmoción en el cuerpo y ha puesto de manifiesto, una vez más, la peligrosidad de las operaciones contra las llamadas “narcolanchas”, que operan con gran movilidad entre las costas de España y Portugal.

Ambos incidentes reflejan una misma realidad: la creciente sofisticación de las redes de tráfico de drogas en el Atlántico y la necesidad de una cooperación internacional constante entre cuerpos policiales y marítimos de ambos países, especialmente en zonas sensibles como el Estrecho de Gibraltar y el Golfo de Cádiz.

Las autoridades insisten en que la presión operativa continuará, reforzando la vigilancia y la coordinación para frenar la actividad de estas organizaciones criminales que utilizan el mar como principal vía de transporte.

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