Debido a las condiciones meteorológicas la Santa Cruz de la Calle Sevilla suspendía su tradicional procesión y recorrió la calle Manuel Siurot rodeada de fieles y devotos.
La jornada dejó escrita una nueva página en la historia piompera. Las inclemencias meteorológicas obligaron a la hermandad a tomar una difícil decisión: suspender la tradicional procesión de la Santa Cruz de la Calle Sevilla por las calles de La Palma del Condado. La incertidumbre en las previsiones y la posibilidad de lluvia llevaron a la Junta Directiva a priorizar la seguridad y la conservación del Santo Madero.
Ante esta situación, la hermandad decidió trasladar directamente la Santa Cruz hasta su capilla, renunciando al recorrido habitual pero manteniendo vivo el espíritu de devoción que caracteriza a estas fiestas. El traslado se realizó recorriendo íntegramente la calle Manuel Siurot hasta llegar a la Cruz de San Roque, en un recorrido más breve que el inicialmente previsto, pero igualmente cargado de emoción.
A pesar de la modificación del programa, el momento estuvo acompañado por numerosos vecinos y devotos que no quisieron perder la oportunidad de arropar a la Santa Cruz en este traslado excepcional. Piomperos y piomperas vivieron un instante efímero, pero profundamente significativo, demostrando una vez más el fuerte vínculo que une al pueblo con sus tradiciones.
El cortejo estuvo formado por la directiva de la hermandad, el simpecado y las bandas que pusieron sones al recorrido. También participaron la reina infantil y la reina de las fiestas, que acompañaron a la Santa Cruz en este regreso a su capilla, aportando solemnidad y representando a todos los piomperos que cada año vive con intensidad estas celebraciones.
Así, pese a un fin de semana marcado por la inestabilidad meteorológica y por las miradas constantes al cielo, la Santa Cruz de la Calle Sevilla ha podido celebrar sus fiestas. Aunque la procesión no pudo desarrollarse como estaba prevista, el traslado vivido quedará en la memoria de los presentes como un momento distinto, cargado de fe, emoción y devoción, que demuestra que las tradiciones piomperas siguen muy vivas incluso ante las adversidades.
