La historia de una mujer, Aurora, inmortalizada por Carlos Cano en una canción que convirtió la realidad en leyenda. 

Cada 5 de enero, la frontera entre Huelva y Portugal revive una de las leyendas más inolvidables que ha marcado la historia de ambos lados del río Guadiana: María la Portuguesa. La figura misteriosa que inspiró la famosa canción de Carlos Cano, que en 1987 daría vida a un fado inolvidable, sigue siendo una figura emblemática. Pero detrás de la melodía que la inmortalizó, se oculta una historia de amor, contrabando y misterio que pocos conocen en su totalidad.

Era un 5 de enero de 1985 cuando se desató la tragedia que dio origen a la canción. Juan Flores, un contrabandista de Ayamonte, fue asesinado a tiros por la guardia costera portuguesa mientras intentaba pasar una carga de mariscos por la frontera. Su cuerpo fue trasladado a un tanatorio portugués, y allí, en la penumbra del duelo, apareció una mujer vestida de negro, cuya presencia en torno al féretro de Juan fue tan misteriosa como su identidad. La prensa local la identificó como «María», una mujer portuguesa que aparentemente tenía algún vínculo sentimental con el fallecido.

Carlos Cano, al enterarse de los hechos, no pudo evitar ser cautivado por el enigma de la historia. La mezcla de amor y muerte en una frontera violenta y clandestina le inspiró a componer una de sus canciones más conocidas: «María la Portuguesa», un tema que narraba la historia de un amor imposible entre un marinero muerto a tiros y una mujer portuguesa que lo velaba en la distancia. Sin embargo, la realidad de María no era tan sencilla ni romántica como la de la canción.

La verdadera protagonista de esta historia se llamaba Aurora Murta Gonzaga, nacida en Ayamonte el 23 de agosto de 1923. Aunque su vida fue tan intensa como la leyenda que la rodeó, no fue ni «María», ni portuguesa. Aurora, huérfana desde pequeña, fue criada por una familia portuguesa tras el fin de la Guerra Civil. Su historia, marcada por el exilio y la transformación, fue un reflejo de su tiempo. Desde joven, la vida de Aurora estuvo marcada por su espíritu rebelde y su belleza cautivadora.

Con solo 17 años se casó con un hombre portugués, pero pronto abandonó la relación para embarcarse en un estilo de vida más osado: la prostitución de lujo. Su atractivo físico y su carisma la convirtieron en una de las mujeres más buscadas entre la alta sociedad, y sus amantes incluían jueces, políticos y toreros. Sin embargo, a medida que envejecía, el brillo de la belleza comenzó a desvanecerse, y a los 60 años se dedicó al contrabando, una actividad ilegal que la conectó de nuevo con el hombre que cambiaría su destino: Juan Flores.

Con él, Aurora se adentró en el mundo del contrabando, donde compartieron no solo negocios, sino también una relación de confianza. El trágico destino de Juan Flores, quien fue asesinado en las aguas portuguesas, dejó una huella imborrable en la vida de Aurora. Cuando su cuerpo fue repatriado a Ayamonte, ella, a pesar de no ser bienvenida por los allegados del difunto, encabezó el cortejo fúnebre y estuvo a su lado hasta el último momento, vistiendo luto riguroso y con una corona de flores. Fue este suceso, esta imagen tan fuerte y conmovedora, la que inspiró a Carlos Cano para crear una canción que, aunque basada en un hecho real, transformó la realidad en mito.

Aurora, tras la muerte de Juan, vivió sus últimos años marcada por el deterioro físico y mental. Desarrolló el síndrome de Diógenes y su casa se llenó de basura y animales. A los 84 años sufrió una caída que la llevó a una residencia geriátrica en Manta Rota, donde pasó sus últimos años contando historias de su vida llena de excesos, contradicciones y secretos. Murió en 2011, en la más absoluta soledad, con apenas unas pocas personas presentes en su funeral. A su entierro asistieron solo cuatro personas: su nieto, una trabajadora del centro y dos vecinas. Su muerte pasó desapercibida para la mayoría, pero su historia perduró, inmortalizada por la copla de Carlos Cano.

La figura de María la Portuguesa se ha quedado para siempre en el imaginario colectivo, transformada en una leyenda popular que conecta las orillas del Guadiana con el alma de dos países, el contrabando y el amor prohibido. Aurora Murta Gonzaga, quien nunca supo que una canción hablaba de ella, se ha convertido en un mito. Y aunque la realidad de su vida fue mucho más compleja, su nombre y su historia perdurarán por siempre a través de las notas de ese fado que sigue sonando en las fronteras, cada 5 de enero.

 

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