España atrasará sus relojes una hora el próximo 25 de octubre, mientras expertos mantienen posturas enfrentadas sobre la utilidad de los ajustes estacionales y sus efectos en la salud y la vida cotidiana.
El cambio al horario de invierno volverá a producirse en España durante la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre. A las 03.00 horas, los relojes deberán retrasarse hasta las 02.00, por lo que esa noche tendrá una hora más. Sin embargo, más allá del ajuste habitual, la conveniencia de mantener esta práctica continúa generando opiniones enfrentadas entre especialistas y organizaciones.
Aunque el Gobierno español planteó en 2025 reactivar el debate europeo para poner fin a los cambios de hora, todavía no se ha alcanzado un acuerdo definitivo en la Unión Europea. Por ello, el ajuste de octubre de 2026 sigue previsto dentro del sistema vigente.
Expertos divididos sobre la continuidad del cambio horario
Entre quienes defienden mantener el cambio estacional se encuentran los físicos José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, y Jorge Mira Pérez, de la Universidad de Santiago de Compostela. Ambos consideran que la alternancia entre el horario de invierno y el de verano responde a las diferencias de luz solar que se producen a lo largo del año.
Martín Olalla sostiene que no resulta sencillo determinar qué horario fijo sería el más adecuado para toda la población. También recuerda que las condiciones geográficas y las horas de luz varían considerablemente entre los países europeos, por lo que una solución común podría no beneficiar a todos por igual.
Por su parte, Jorge Mira defiende que el cambio horario funciona como una forma de adaptar la organización social a las estaciones. Según explica, mantener permanentemente uno de los dos horarios podría provocar amaneceres excesivamente tempranos o tardíos durante determinados meses, dependiendo de la opción elegida.
ARHOE apuesta por mantener el horario de invierno
Frente a estas posiciones, la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) defiende eliminar los cambios de hora y establecer de forma permanente el horario de invierno, correspondiente al horario que se recupera en octubre.
Su presidente de honor, César Martín, considera que esta opción favorece una mayor estabilidad de los ritmos biológicos y puede beneficiar al descanso, la salud y el rendimiento laboral y académico.
Desde la asociación también cuestionan el supuesto ahorro energético que justificaría los ajustes estacionales. Según argumentan, los cambios de hora no generan un ahorro significativo y sus posibles beneficios deben valorarse frente a las consecuencias que pueden tener sobre la organización cotidiana y los ritmos de sueño.
La salud y el ahorro energético, en el centro de la discusión
Uno de los principales argumentos contra el cambio horario es su posible impacto en el organismo. Las modificaciones en los relojes pueden alterar temporalmente los horarios de sueño y provocar cansancio, irritabilidad o dificultades para adaptarse a las nuevas rutinas.
Además, el debate incluye la relación entre la luz natural y el reloj biológico, que regula procesos como el sueño y la vigilia. Quienes defienden fijar el horario de invierno consideran que una mayor correspondencia entre la luz solar y los horarios cotidianos podría favorecer el descanso.
Sin embargo, los partidarios de mantener los ajustes estacionales subrayan que la cantidad de luz disponible cambia de forma natural entre invierno y verano y que las necesidades de cada país dependen de su ubicación geográfica y de sus hábitos sociales.
La cuestión energética también continúa sin cerrar el debate. El Gobierno español ha defendido que no existen pruebas suficientes de un ahorro sustancial que justifique mantener el sistema, mientras que la eliminación de los cambios sigue pendiente de un acuerdo entre los Estados miembros de la Unión Europea.
Sin una decisión definitiva en Europa
La propuesta de acabar con el cambio horario lleva años sobre la mesa de las instituciones europeas. En 2019, la Comisión Europea impulsó una iniciativa para permitir que cada Estado miembro eligiera un horario permanente, pero las diferencias entre los países impidieron avanzar hacia una solución definitiva.
En 2025, España volvió a plantear la necesidad de poner fin a los ajustes semestrales, una propuesta que recibió apoyos en el ámbito comunitario, aunque sin traducirse hasta ahora en una medida concreta.
Mientras no exista un acuerdo europeo, España continuará adelantando y atrasando sus relojes dos veces al año. Así, el próximo 25 de octubre comenzará el horario de invierno, en una nueva jornada que volverá a poner sobre la mesa la pregunta de si este sistema sigue teniendo sentido en la sociedad actual.
